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INTERMIN

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What Kind of Parent Are You?

by Mike Constantine

We live in a time of exceptional opportunities and overwhelming resources. Ideas bombard us, and our children, from all directions. But which ideas can we trust? Can parents have tons of information, yet little increase in their parental effectiveness? It seems so.

Many twenty-first century parents feel like rats in a maze— running, doing, achieving, earning. But even with all that rushing about, many also feel confused and unfulfilled. As American comedienne Lily Tomlin said, “The problem with the rat race is that even if you win, you still feel like a rat.”

If you don’t live in Southeast Asia, you might not be familiar with kiasu. But here we know it all too well. It is a Chinese word for a win-at-all-costs attitude. It defines Singapore, and has quickly spread into other Asian countries. Kiasu means you must be first. Second place is no place.

If that attitude controls you, you risk becoming a hyper-parent. Here’s a brief description of hyper-parents. See how well it fits you.

Are You a Hyper-Parent?

  • You often negatively compare your children with other children. That means you may never allow yourself to see the good in your child, only the problems.
  • You feel you are in competition with other parents to raise the best and brightest child.
  • You can always find time for one more tuition class but no time for sitting with your child, talking, or playing.
  • You never turn off your smart phone, and that’s a dumb idea. Some people have more than one. How electronically connected do we really have to be?
  • You are always doing two or three things at once. Multi-tasking is necessary, especially for a busy mom. But the danger comes when our lives are stuck in the spin-cycle, like a broken washing machine.
  • You are often distracted, seldom focused on the present moment. Sure, every life has distractions. But some of us let them shape our entire life. When that happens we try to squeeze the important things into the tiny spaces between the distractions.
  • You have no energy to discipline your child. Saying yes is always easier than saying no.
  • You value your child’s achievements more than strong character and healthy relationships.
  • You often feel you are not doing a good job at anything.
  • You buy new programs, new methods, new products, whether proven or not.
  • You scold and bully often, but listen seldom.

Are you a hyper-parent? Then the rat race has you in its grip. You could even be raising little rats that will grow up into big rats, racing through mazes without any idea of what is really important.

Have you had enough of the rat race? Do you want to get out? It can be done. The material in this little booklet has helped thousands of parents find a better, more effective way to love and nurture their children. It is not meant to answer every question about every possible challenge. There are shelves of books and thousands of internet sites that will do that. This booklet is designed to give you just three ways to look at your child. It is small enough and simple enough that anyone can read it, but powerful enough to make a positive difference in you and your children.

The great news for parents is this: God can make you a better parent than you are, and you will love the changes! So will your kids, and so will all the people that interact with your kids: teachers, neighbors, extended family members, now; employers, spouses, neighbors and friends later. All will thank you for taking the time to make a positive difference in your child’s life.

Filed Under: Parenting Tagged With: hyper-parent, parenting

La Intimidad Espiritual

by Mike Constantine

El núcleo de poder

Toda su vida como pareja será influida por la vitalidad y centralidad de su vida espiritual. Y por eso, su relación con Dios debe ser más que un compartimiento de su matrimonio, como un cuarto en su casa. Su relación con Dios debe ser el núcleo de sus vidas y el núcleo de su matrimonio.

Es como el núcleo de un átomo. El núcleo mantiene las partículas que le rodean en sus debidos orbitos. Sin el núcleo, no hay átomo. De la misma manera, nuestra conexión con Dios mantiene las facetas de nuestras vidas en un balance adecuado. Cuando está así, cada faceta de nuestro matrimonio demostrará un poder transformador y la influencia de nuestra relación con Dios por medio de Jesucristo.

Pero nosotros tenemos que escoger, porque el tener una relación con Dios al centro de nuestra vida y matrimonio no ocurre automáticamente.

Tres posibles núcleos

Imaginen tres hombres con camisetas puestas. El primer hombre tiene puesta una camiseta color rojo brillante con una palabra enfrente que dice, YO. El segundo tiene puesta una camiseta beige, con la palabra, ELLOS. El tercer hombre tiene una camiseta blanca con la palabra, DIOS.

Para el primer hombre, la pregunta central de su vida es, “¿Qué me dará placer a mí?” Cuando vivimos solo para contestar esa pregunta, cuando es la motivación primaria de nuestra vida, nos volvemos en egocéntricos. Ya pueden ver el daño que esa orientación puede tener en un matrimonio. Gente egocéntrica saber poco acerca del amor. Sacrificarán unidad verdadera para obtener lo que ellos quieren. Son gente que toma, no que da. Con esta orientación el matrimonio llega a ser una batalla de inteligencia, con cada uno tratando de superar al otro a base de estrategia.

Para el segundo hombre, la pregunta central de la vida llega a ser, “¿Qué les dará placer a ellos?”Complaciendo a otros es un impulso noble para nuestras acciones, pero como la motivación primaria para nuestras vidas no llega a ser mejor que la primera pregunta. Cuando nos motivamos por esta pregunta, llegamos a ser gente que sacrificará nuestras convicciones y relaciones solo para asegurar aceptación por “ellos”, quienquiera que sean “ellos”. Es peligroso para usted, y para su matrimonio.

Ahora echemos un vistazo al tercer hombre. Para él, la pregunta central de la vida es, “¿Qué le agradará a Dios?” Cuando eso llega a ser la pregunta central, y vivimos para responder a ella, nuestras vidas desarrollan un enfoque y una paz. Dios nos creó a cada uno de nosotros para vivir nuestras vidas en respuesta a esa pregunta por medio de nuestras actitudes, acciones y relaciones. Es nuestro destino. Y solo podemos experimentar verdadera satisfacción cuando conocemos nuestro verdadero destino.

Leo Tolstoy, un reconocido autor ruso, había llegado a un lugar de desesperación en su vida hasta que la idea del suicidio le plagaba. Tolstoy era un miembro próspero y erudito de la clase privilegiada, pero aún así, no podía hallar una razón real por su existencia. Él no tenia una respuesta satisfactoria a la pregunta, “¿Qué es la respuesta a la vida?” Vivió en esa condición inquieta hasta llegar a sus años cincuenta. Entonces, después de años de investigación encontró, el significado y la razón por su vida en Cristo.

¿En verdad podemos saber lo que le agrada a Dios?

Tal vez estén pensando, “¿Cómo podemos saber qué es lo que agrada a Dios? Él está allá lejos en el cielo, y nosotros somos solamente pequeños humanos”. ¡Tengo buenas nuevas! Dios ha provisto todo lo que necesitamos para vivir una vida que le agrada a él.

Mandó a Jesús a morir por nosotros, a resucitar de entre los muertos, y lo hizo Rey de todo, por la eternidad. Cuando creemos en Jesucristo, somos nuevas personas. Si lo permitimos, el poder de esa nueva vida entra a todo segmento de nuestras vidas, transformando nuestras actitudes, acciones y relaciones. En efecto, toda nuestra vida.

También tenemos otros recursos. Dios ha puesto su Espíritu Santo en nosotros para capacitarnos a vivir una vida que le agrade, para bendecir a otros, y para traernos a un nivel de satisfacción que no podemos tener de ninguna otra manera. Nos ha dado la Biblia, el manual para vivir la vida que le agrada a Dios. Y nos conecta con otros creyentes para que podamos ayudarnos los unos a los otros.

Con la pregunta correcta en el núcleo de nuestras vidas, y con los recursos maravillosos que Dios nos ha dado, podemos vivir vidas que agradan a Dios no importa las circunstancias en las cuales nos encontramos. Nuestros matrimonios serán más sanos y estaremos más felices. Y aún más, otros experimentarán los beneficios, porque cuando buscamos el Reino de Dios, el efecto alcanza a nuestros hijos, a nuestros amigos y vecinos, a nuestros colegas y a nuestras iglesias.

¿Por qué no hacen, en este momento, su motivación central el de agradar a Dios? ¿Y por qué no hacen la misma decisión como pareja? Tal vez los dos son creyentes en Cristo, pero a la vez lo han encerrado en un cuarto de su relación. No le permiten influir todo su matrimonio. Déle el lugar de influencia que solo él merece. Hagan de Jesús el núcleo. Verán una diferencia dramática en sus vidas y en su matrimonio.

El apóstol Pablo tenía mucho que decir acerca de agradar a Dios. He juntado algunas de sus declaraciones, en forma de paráfrasis, con el propósito de impactar, en lo que sigue:

“Así que, hermanos y hermanas, les ruego que den sus cuerpos a Dios. Dejen que sea un sacrificio vivo y santo – el tipo de cuerpo que él acepte. Cuando piensan en lo que él ha hecho por ustedes, ¿es demasiado que pedir? No copien el comportamiento y las costumbres de este mundo, sino que deje que Dios le transforme en una nueva persona por cambiar cómo piensa. Entonces sabrá lo que Dios requiere de usted, y sabrá cuán agradable y perfecta es su voluntad. Nuestro objetivo es agradarle siempre, estemos aquí en este cuerpo o fuera de este cuerpo. Él murió por todos para que los que reciben su nueva vida ya no tienen que vivir complaciéndose a sí mismos. En vez de eso, ellos viven para agradar a Cristo, quien murió y resucitó por ellos. Los que viven solo para satisfacer sus propios deseos pecaminosos segarán las consecuencias de la muerte y el pecado. Pero los que viven para agradar el Espíritu de Dios segarán vida eterna del Espíritu. Trate de averiguar qué es lo que agrada al Señor. Entonces la manera en que vive siempre honrará y agradará al Señor, y continuamente hará buenas y agradables cosas por otros. De igual manera, aprenderá a conocer a Dios mejor día en día. Por Dios está trabajando en su vida, dándole el deseo de obedecerle y el poder de hacer lo que le agrada”.

Cuidando el núcleo

El núcleo espiritual de nuestras vidas y matrimonios necesita de cuidado y desarrollo. ¿Cómo lo hacemos? ¿Cómo fortalecemos nuestro deseo de agradar a Dios? La respuesta es por medio depracticar disciplinas espirituales. Ahora, ¡por favor! No deje que esa palabra le asuste. No estoy sugiriendo legalismo. Como dijo Dallas Willard, disciplinas simplemente son las cosas que hacemos para hacer posible el cumplimiento de nuestra meta.

Todo cumplimiento que vale es resultado de disciplinas. Si ha alguna vez ganado una carrera importante, lo ganó porque entrenó. Si ha sacado buenas calificaciones, es porque estudió. Si toca un instrumento de tal manera que a otros les agrada oírlo, es porque ha practicado. Granjeros practican buenas disciplinas para tener una buena siega. Y cada batalla se ha ganado porque los soldados se han entrenado para victoria.

Nuestra meta es tener una fuerte relación con Dios, por medio de Jesucristo, al núcleo de nuestras vidas y nuestros matrimonios. Disciplinas espirituales nos ayudarán a mantener el deseo de agradar a Dios fuerte en nuestros corazones. La gente que practica estas disciplinas encuentra que el hecho de pensar, actuar y hablar de una manera que agrada a Dios llega a ser su costumbre normal.

Ejercicios fundamentales espirituales

Oración personal y oración con otros

  • Pase un tiempo personal cada día con Dios.
  • Oren juntos si es posible, pero si no pueden, por lo menos oren el uno por el otro.
  • Usen las Escrituras para orar el uno por el otro, pidiendo la bendición de Dios en su esposo o esposa en cada área de su vida.
  • Oren tanto por la salud, como para que el Señor les sane, por libertad de heridas pasadas, por desarrollo de dones espirituales y habilidades que Dios les ha dado, y por crecimiento en sabiduría.
  • Oren con gratitud siempre creyendo que Dios hará una diferencia en sus vidas.
  • Cuando toman decisiones, especialmente decisiones grandes, acuérdense de orar acerca de estas decisiones a cierta hora. Dios les ayudará a saber cuándo es el mejor tiempo.

Practiquen la presencia de Dios

Recuerden lo que Jesús dijo, “Estoy con vosotros todos los días”. Ustedes son, cada día de sus vidas, rodeados por la presencia de Dios. A veces están más conscientes de su presencia que en otras ocasiones, pero él siempre está cerca. Pongan sus pensamientos en él más a menudo por el día.

Estudien y mediten en la Palabra de Dios

La Palabra de Dios renovará nuestras mentes y nos ayudarán a entender lo que es la voluntad de Dios. Nos alimentará igual como la buena comida alimenta nuestros cuerpos. Limpiará nuestras mentes, nos ayudará a vivir por lo que es en verdad importante, y nos equipará para involucrarnos en la obra de Dios. Como Pablo dijo, “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales”. (Colosenses 3:16)

Sean parte de una iglesia local amorosa y sanamente bíblica

Como pareja, necesitarán tiempo con otras parejas que están viviendo para la gloria de Dios. Una iglesia local amorosa y sanamente bíblica provee el ambiente perfecto para que crezcan como pareja.

También les da un lugar para descubrir las maneras especiales en las cuales Dios quiere usarles. Cada hombre y mujer trae sus propios dones y talentos a la relación matrimonial. En el matrimonio Dios mezcla nuestros dones y talentos, pero a la vez mantenemos nuestra individualidad.

Con el núcleo correcto y con determinación mutua para cuidar ese núcleo, usted y su cónyuge llegarán a ser todo lo que Dios quiere que sean. Bendecirán a muchos más, y sus vidas brillarán con la luz de Cristo. ¡Esa es una promesa!

Filed Under: Matrimonio

El Perdón

by Mike Constantine

Vamos a reescribir un poema famoso para niños:

Jack y Jill subieron una colima

Para buscar un balde de agua

Jack se cayó y se quebró la nuca. . .

¡Y Jill nunca le perdonará por ser tan torpe!

¡Pobre de Jack! Necesitaba una esposa para consolarle, pero en vez del consuelo ella le dió más golpes. ¿Saben por qué? Tal vez su accidente (resultando en un viaje a la sala de emergencia) interrumpió una cita en el salón de belleza. Tal vez su torpeza siempre le daba a ella vergüenza. ¡Quién sabe!

Todo esposo necesita una esposa perdonadora, toda esposa necesita un esposo perdonador. La razón es obvia: Necesitamos ser perdonados porque nos equivocamos. Eso explicaría dos interesantes datos en la Biblia:

  • Dato uno: La Palabra de Dios nos impulsa a buscar la perfección, a crecer y a madurar en gracia, y llegar a ser más como Cristo.
  • Dato dos: La Biblia también nos enseña que perdonemos los unos a los otros. En el camino de la vida muchas veces pisamos encima de los dedos de otros, entonces necesitamos perdonar y recibir el perdón.

Reconociendo cuánto necesitamos el perdón, uno pensaría que rápidamente perdonaríamos los que nos han hecho daño o nos hayan decepcionado. Pero no funciona así. Nosotros los humanos minimizamos nuestros propios errores y maximizamos los errores de otros. Nos encanta dejar nuestros ofensores asando en nuestro enojo mientras apagamos el fuego de nuestra ira e indignación. Muchos de nosotros nunca pensaríamos en rehusar perdonar, pero sí nos gusta dejar que el ofensor se sienta incómodo primero.

Y hay otras cuestiones: ¿Cómo me doy cuenta que ya he sido perdonado? ¿Cómo debo sentirme después de haber sido perdonado? ¿He perdonado de verdad si todavía recuerdo la ofensa y siento dolor? ¿Qué necesita ser perdonado? Todo esto es suficiente para confundir aún a un filósofo, ni mencionar la gente simple como nosotros.

Y ahora agreguemos la relación matrimonial a estas cuestiones. Nos conocemos los dos muy bien y frecuentemente repetimos nuestros errores. Entonces, ¿cuán a menudo debo perdonar mi cónyuge por la misma ofensa? ¿Cincuenta veces? ¿Cien? Para muchos de nosotros, cien veces ni se acerca al número de veces que hemos repetido los mismos errores. No estoy hablando de las irritaciones pequeñas como apretar la pasta de dientes de la manera equivocada. Estoy hablando de las veces en que en nuestros esfuerzos por querernos los unos a los otros nos hemos herido repetidamente.

Al pasar los años de matrimonio y ministerio, Diane y yo hemos desarrollado unos principios sólidos acerca del perdón. El excelente libro de Lewis Smede, El arte del perdón, nos ha ayudado a enfocar y aclarar estos principios.

El perdón y los sentimientos

Puede usted perdonar antes que verdaderamente querer hacerlo, pero no antes de decidir hacerlo. Muchos de nosotros esperamos ese momento mágico para perdonar cuando nuestras emociones están bien. A veces ese momento nunca llega. Cuando un amigo íntimo le hiere, el dolor puede perdurar por mucho tiempo. Pero el momento que decidimos perdonar, el dolor comenzará a menguar. Hasta que tomemos ese paso, hasta que decidamos, somos como alguien con una astilla infectada. La infección se extiende, llegando a ser más peligroso, ¡aún mortal!

Recuerdo un joven que estaba en la escuela con uno de nuestros hijos. Lo vi un día en la clínica de la escuela con su rodilla hinchada el tamaño de una toronja. Había picado su rodilla en una espina. Fue poca cosa que casi ni se notaba. . . al principio. Pero finalmente el doctor tenía que sajar su rodilla con un bisturí y vaciar la infección. Una vez hecho esto, el dolor menguó y comenzó a sanarse la rodilla. El perdón es así. Hasta que perdonemos, la infección intensifica, pero cuando perdonamos, se comienza a sanar.

Perdonando y olvidando

¿Qué significa perdonar y olvidar? Significa que ya no deja la ofensa afectar su vida y relación negativamente. Como un ejemplo, piense en las palabras de Pablo en Filipenses, capítulo tres. En los primeros versos del capítulo, él trae a la memoria en detalle su vida antes que Cristo lo encontrara y salvara. Entonces, en los versos trece y catorce, nos da su estrategia para tratar con las ofensas de su pasado:

“. . . olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está adelante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”. (Filipenses 3:13-14)

Pablo recordaba su vida pasada como perseguidor de cristianos, y sin duda algunas de esas memorias aún le traían dolor. Pero también dijo que había olvidado de su pasado. Podríamos decir que por razón del perdón que Pablo había experimentado, podía recordar “redentoramente”. Recordaba, pero recordaba como un hombre perdonado, no un hombre condenado. Cuando nosotros perdonamos o somos perdonados, las memorias quedan, pero las memorias pueden tener un efecto positivo en nuestra experiencia presente y en nuestras expectativas futuras.

Males y pecados

La Biblia, de manera característicamente honesta, recuenta un momento oscuro en la vida del rey David. David, rey de Israel, ve a Betsabé, la esposa de un general leal suyo, bañándose. Su esposo está lejos sirviendo en la guerra, entonces David le invita a comer con él. Pero comida no es lo que David tiene en mente para esa noche.

Cosas pasan. Con el tiempo, Betsabé descubre que está embarazada. David, temiendo consecuencias, invita a Urías, esposo de Betsabé, a tomar un descanso de la batalla y regresar a casa. Él está pensando que Urías y su esposa harían lo que es natural entre casados, y después Urías pensaría que él es el padre del niño que esperaba Betsabé.

Pero Urías es demasiado honorable para algo así. Al orden de David, sí llega a casa, pero rehúsa dormir con su esposa. Siente que un buen general nunca se debería dar al placer cuando sus hombres están arriesgando sus vidas en la batalla. Fue un hombre recto, merecido de una vida larga y distinguida.

Pero David aún tiene el problema en cómo tratar con su adulterio. Entonces David, rey de Israel, autor de muchos salmos, hace arreglos para que Urías, el hombre honesto y excelente, sea asesinado. No sé dónde podría encontrar otro crimen más terrible que este.

David piensa que ya se arregló el asunto. Pero un día Natán el profeta le visita. Natán le avisa a David que Dios bien sabe todo lo que ha hecho y que lo tiene bajo juicio. Durante ese terrible período de su vida, David escribe uno de los poemas más penetrantes, el Salmo 51. Note las palabras del cuarto versículo en ese salmo: “Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio”.

David había cometido horribles males contra Betsabé y Urías. Tal vez David le pidió perdón a Betsabé, pero eso no lo sabemos. No podía pedir perdón a Urías, porque Urías había muerto en la emboscada que David ordenó. Lo que sí sabemos es que David, con corazón quebrantado, imploró a Dios por perdón porque había pecado contra él.

Aquí hay una cuestión importante: El perdonar a alguien no significa que esa persona no tiene que ir a Dios para el perdón. Perdonamos los males que nos han hecho. Solo Dios puede perdonar el pecado.

Si usted ha herido a su esposo o esposa, puede pedir perdón por el dolor que ha causado, pero también necesitará el perdón de Dios por este pecado. Tiene que tomar los dos pasos para comenzar a curarse.

El perdón y el caer bien

El perdón no significa que nos tiene que caer bien la persona. Shirley tiene un esposo que la trata, casi al diario, como un perro, y todos los días como una sirvienta. Nunca ha dicho este hombre que le ama. Nunca la ha valorado, ni apreciado, ni tampoco la ha animado. En público habla de su matrimonio con entusiasmo, pero es solo hablar de dientes para afuera para su audiencia. El esposo de Shirley le ha insultado, rechazado. . . y aún golpeado.

Por razón de sus circunstancias, no le es posible a ella huir de la casa. Ni le puede echar fuera a él. Entonces, Shirley ha aprendido a desahogarse de su enojo, su dolor y su indignación. Perdona a su esposo, pero no le cae bien. ¿Cómo puede hacer esto? Ella le ama, por lo menos de la manera en que amamos a nuestros enemigos, porque en verdad este hombre trata a su esposa como si fuera su enemiga. Ella le podría amar como un amigo y aún como un amante, si solo le dejaría. Dios no le pide a Shirley que le caiga bien su esposo, solo que le ame.

El perdón y la confianza

El perdón no significa que tenemos que confiar en la persona. Shirley sería una necia con poca sabiduría si confiara en ese hombre hasta que él demuestre que es digno de confianza.

En películas a veces oímos el advertimiento, ¡Cuida tu espalda! Esto significa que hay peligro en todos lados y nunca debemos bajar la guardia. Podría pregunta a Shirley si tiene confianza en su esposo y ella le diría que no la tiene. . . por lo menos en asuntos importantes. Pero aún así le perdona y le ama lo tanto que puede, y tal vez lo tanto que él la deja.

Considere lo que Pablo escribió a su amado amigo Timoteo: “Alejandro el calderero me ha causado muchos males; el Señor le pague conforme a sus hechos. Guárdate tú también de él, pues en gran manera se ha opuesto a nuestras palabras”. (2 Timoteo 4:14-15)

Tal vez nunca sabremos si Pablo había perdonado a Alejandro, pero si practicaba lo que predicaba, sí lo hizo. Pero aún así sabía que Alejandro no era digno de confiar, entonces le advirtió a Timoteo, ¡Cuida tu espalda!

El perdón y la reconciliación

El perdón no significa que debemos a fuerzas reconciliarnos con el ofensor. Shirley está dispuesta a reconciliarse con su esposo, pero su esposo no demuestra ningún deseo de reconciliación con ella. Pablo habla de este asunto en Romanos, el capítulo doce: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres”. (Romanos 12:18)

Esto podría ser el aspecto más difícil de entender acerca del perdón. Shirley repetidamente perdona a su esposo. Pero él nunca responde como ella espera. Cuando el ofensor no nos da razones de esperar reconciliación, aún así podemos perdonarlo aunque el ofensor no responda de una manera positiva.

El perdón y privilegios

El perdón no significa que automáticamente restauramos los privilegios que han sido sacrificados por medio de la ofensa. Supongamos que el esposo de una mujer le es infiel. Queriendo hacer la cosa cristiana, ella va al pastor para consejos. El pastor, un hombre compasivo, y tal vez un poco legalista, le dice que debe perdonar a su esposo. Hasta aquí todo va bien. Entonces ella hace la pregunta: “¿Eso significa que tengo que compartir mi cuerpo con él, aunque él está yendo a la cama con otra mujer?” El pastor, pensando que está haciendo lo que es debido, dice que ella tiene que dejar a su esposo tener relaciones con ella.

Muchos de nosotros no estaríamos de acuerdo con ese consejo. Animaríamos a la mujer a perdonar su esposo, pero también insistir en su fidelidad. A él no le toca los placeres sexuales hasta que los de ella son los únicos que tiene. En estos días de enfermedades transmitidas por el sexo, esa es otra razón por la que debemos siempre seguir este camino.

El perdón encamina a la restauración

Esto es importante: Aunque el perdón no significa que nos caiga bien, o que confiemos en esta persona, o que nos restauremos, el perdón sí abre la puerta a la confianza, a caer bien, a reconciliación y a restauración. Si en verdad perdonamos, estaremos abiertos a todas las posibilidades positivas.

Ofensas reales o imaginarias

Si nos encontramos constantemente perdonando, puede que seamos demasiado fáciles de ofender, demasiado espinosos. Si estamos estirados demasiado, como la cuerda de un violín, no se requiere mucho para sacar un grito de nosotros. En tiempos como esos necesitamos entendimiento, paciencia, y tal vez un poco de ayuda más allá de nuestro cónyuge. También podemos buscar cómo bajar la presión, si es posible.

“(El amor) no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor”. (1 Corintios 13:5) En todas las maneras posibles, el amor es lo opuesto al egoísmo.

¿Venganza o perdón?

La venganza nunca es una decisión buena, porque la venganza no redime. “¡Mi esposo acaba de invitar a cuarenta y cinco de sus amigos a una fiesta!” se quejó la joven esposa que vivía al lado. “¡Me gustaría matarlo!” No le culpo por pensar así, y dudo que un jurado de mujeres le declararían culpable si lo hiciera.

No creo que su esposo tiene que preocuparse por amanecer muerto algún día, pero hay formas más sutiles de venganza. Ella podría avergonzarlos en frente de sus amigos con tal vez quemar las hamburguesas o las salchichas. Podría renegar de los placeres sexuales. Podría ir de compras usando la tarjeta de crédito. Y podría justificar su venganza por decir, “¡Se lo merecía!”

Pero si es sabia, nuestra amiga joven no trataría de vengarse. Venganza no ayuda. ¡Nunca! La venganza puede llegarnos de nuevo. En Nigeria tienen un dicho, “¡Tu me haces, yo te hago!” Eso describe perfectamente el problema. Los dos tratan de tener el último tiro, el tiro más fuerte, y solo se lesionan el uno al otro.

Aceptando del perdón de Dios

Vemos muchas ideas que se dicen espirituales en estos días. A algunos escritores les gusta hacer un caso para el perdonarse a sí mismo. Te sirve bien, nos dice. Yo estoy de acuerdo hasta cierto punto. El problema es que ellos no reconocen a Dios. Yo reconozco que sin el perdón de Dios, y el perdón de la persona ofendida, yo no puedo experimentar libertad en mi alma. También reconozco que puedo darme golpes de pecho por mucho tiempo, aún cuando mi Dios y mi amigo(a) me han perdonado.

Perdonándose a sí mismo significa que ha puesto este comportamiento embarazoso y ofensivo atrás. No puede hacer eso hasta que ya sabe que Dios le ha perdonado. Y aún así, no puede seguir dándose golpes de pecho. Esto le desagrada a Dios. ¡Déjalo ya!

La vida es un reto. Al tratar de hacer frente a la vida relacionándonos con otros, todos causamos dolor y todos recibimos dolor. Jesús nos dio la clave a cómo sanarse con estas palabras: “No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados”. (Lucas 6:37)

¡Perdone! Es lo mejor para usted, para el ofendido, y lo mejor para su matrimonio. El perdón no arreglará todo, pero es la mejor preparación para cualquier reparación consiguiente.

Filed Under: Matrimonio

Salga de la Deuda con el Plan de la Bola de Nieve

by Mike Constantine

Hay muchas maneras de salir de la deuda. Algunos pueden ayudar; otros son dañinos. Una estrategia que frecuentemente falla es la consolidación de deudas. En nuestra opinión, siempre hay otra manera mejor.

La consolidación de deudas se ve tan atractivo, pero hay algunos peligros serios. Posiblemente terminará pagando una tasa mucho más alta y por más tiempo, y le costará bastante. También, consolidación de deudas le puede dañar en que existe la tentación grande de pensar que ahora que está pagando menos cada mes puede comprar más por crédito. Y así repite el ciclo que le metió al cautiverio financiero al comienzo.

Recuerde que hay compañías que le ofrecen ayuda, pero en realidad solo le están aumentando su cautividad financiera mientras aumentan las ganancias para ellos mismos.

Un sistema mucho mejor es uno que le ayudará a desarrollar disciplina y contentamiento mientras le da la satisfacción de ver su deuda disminuir poco a poco. Esa es la hermosura de la BOLA DE NIEVE. No sabemos quién inventó este plan ni el nombre que se le dio, pero quien sea, ¡le damos las gracias! A muchos le ha ayudado este plan.

Así es como funciona el plan de LA BOLA DE NIEVE:

  • Haga una lista de todos sus acreedores. Esto no debe incluir la hipoteca sobre su casa ni la renta mensual de la casa.
  • Por cada acreedor, divida la suma de lo debido por el pago mensual mínimo. Por ejemplo:

$1000 (cantidad de la deuda) dividido por $50 (pago mensual mínimo) = 20 pagos

$2000 dividido por $40 = 50 pagos

$500 dividido por $50 = 10 pagos

Haga esto con cada deuda que tiene.

  • Ahora escoja la deuda más baja. En el ejemplo, sería la deuda de $500, porque se terminará de pagar en diez meses.
  • Después, determine qué cantidad de sus entradas normales podrá agregar a los $50 cada mes. Digamos que lo podría aumentar por el doble. Ahora está pagando $100 sobre una nota de $500,¡entonces lo pagará en cinco meses en vez de en diez!
  • Eso es bueno, pero solo ha comenzado el asunto. Como ya está acostumbrado a pagar $100 cada mes en esa deuda, y como ya está pagado, agregue esos $100 a la deuda que sigue. (En nuestro ejemplo, incrementará el pago en la deuda de $1000 de $50 a $150.) Por hacer esto, ¡usted pagará la deuda en más o menos siete meses en vez de veinte!
  • Repita el proceso con cada deuda, pero tenga cuidado de no contraer más deuda y usted estará libre de deuda en mucho menos tiempo de lo pensado.
  • El último paso, ahora que ya ha pagado todas sus deudas, es poner el total de sus pagos mensuales en una cuenta de ahorros cada mes. Siga este plan y aprenderá a tener autocontrol, disciplina financiera, y fidelidad.

¿Funciona este plan de LA BOLA DE NIEVE en otras culturas fuera de los Estados Unidos? Eso nos hemos preguntado en el pasado. Pero un día conocimos a un joven a quien habíamos dado estos principios hacía ya tres años. En aquel entonces, había apenas terminado sus estudios universitarios, y tenía muchas deudas. Él siguió estos principios y hoy está libre de deuda ¡y sonriendo!

Las dos llaves para hacer que el plan funcione son disciplina y contentamiento. Estas dos cualidades le hará una persona fuerte, mucho más estable, y el monstruo de la deuda tendrá que buscar otra víctima además de usted.

Filed Under: Matrimonio

Dominando el Dinero, Parte 2

by Mike Constantine

Conquistando el Monstruo Llamado Deuda

Si ya se encuentra en la esclavitud financiera, necesitará tomar pasos decisivos hacia la libertad. Imagínese en un hoyo profundo. Aquí hay una escalera que le dejará salir.

Paso Uno: Reconozca por qué está en esclavitud financiera.

No debe echar la culpa a la economía. Tiene que reconocer que la razón verdadera por sus problemas financieras es sus decisiones malas. Los tiempos puede que sean difíciles, pero mucha gente sobrevive tiempos difíciles financieros porque siguen el principio correcto y hacen determinaciones sabias.

Paso dos: No tome más dinero prestado de ninguna persona ni de ninguna compañía.

Esto es un paso de verdadera fe mostrada por acción. “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?” (Santiago 2:14) No cualquier acción tiene que acompañar la fe, sino acciones correctas. Si decide rotundamente que no va a tomar prestado ni va a comprar nada con crédito, Dios honrará su fe y proveerá maneras honorables de suplir sus necesidades.

Paso tres: Destruya todas sus tarjetas de crédito o déselas a un amigo de confianza para que las guarde.

Cuando la presión financiera incrementa, es fácil usar una tarjeta de crédito para compras impulsivas. Oímos de una pareja que puso sus tarjetas de crédito en un plato de agua, ¡y metieron el plato en el congelador! ¡Lo que hicieron fue congelar su propio crédito! No podían usar las tarjetas hasta descongelarlas. Eso les dio tiempo para pensar antes de hacer una compra. Es una solución fría y dura, pero puede funcionar para usted.

Parejas que han desarrollado buena disciplina financiera pueden usar sus tarjetas de crédito sin riesgo, si pagan el balance cada mes sin falta. Una tarjeta de crédito es como una sierra mecánica: una herramienta útil en manos de una mano capacitada, pero un arma peligroso en manos de una persona poco disciplinada.

Paso cuatro: Haga arreglos para pagar algo a cada acreedor.

Haga contacto con cualquier compañía o banco a quien debe y pídales que sean pacientes con usted y pídales que acepten pagos en menor medida. “Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel”. (Mateo 5:25)

Paso cinco: Haga contacto con todos los amigos o miembros de su familia de los cuales ha tomado prestado.

Si se ha aprovechado de la generosidad de sus amigos o familia, debe pedir perdón y hacer restitución. Si no les puede pagar en el momento, pídanles una prórroga, y haga planes para pagarles lo más pronto posible. Si es necesario, pida a su pastor o líder que sea mediador de un acuerdo. Por hacer esto usted también establece su nueva responsabilidad financiera.

Paso seis: Busque a alguien que pueda supervisar su viaje a la libertad financiera.

Esto le ayudará. A veces necesitamos alguien de afuera para ayudarnos en el camino, especialmente si tenemos una historia de salir a gastar a lo loco.

Otro pensamiento acerca de la supervisión; usted puede engañar a todos menos a Dios. Claro, podría pedir que alguien le ayude en su camino, pero sin un sentido de la supervisión de Dios, podría seguir practicando deshonestidad personal la cual le hizo llegar a su crisis presente.

Paso siete: Evite la tentación de buscar una respuesta fácil y rápida.

Normalmente, Dios nos libra de nuestra cautividad financiera gradualmente. Por supuesto Dios podría suplir todo el dinero en un momento para sacarlo de la deuda, pero normalmente no lo hace así. Es porque milagros monetarios no desarrollan carácter, pero progreso paciente y fiel, si lo hace. El verdadero oro viene del desarrollo del carácter interior, porque cuando somos ricos por dentro, ¡somos ricos en verdad!

En los Estados Unidos, tenemos loterías, al igual como loterías de cuatro dígitos en algunos países asiáticos. Recientemente oí que mucha gente que gana la lotería finalmente lo pierde todo. Ganan mucho dinero, pero no tienen el carácter ni el autocontrol para usarlo sabiamente. Dios quiere más que librarle de su deuda. Él desea formar su carácter y enseñarle autocontrol financiero para que no repita los mismos errores. “Las riquezas de vanidad disminuirán; Pero el que recoge con mano laboriosa las aumenta”. (Proverbios 13:11)

Recuerde esto: Dios quiere que usted esté libre de la servidumbre financiera, pero no le puede liberar si no sigue en su camino. Pero si lo hace, Dios lo bendecirá en todo lo que hace. Si no lo hace, el hoyo solo se profundizará. ¡Aproveche el momento! Rompa el patrón destructivo en la cual se ha caído. Resista toda voz que le diga que es demasiado tarde. Crea en Dios, y compruébalo por las decisiones financieras que hace de hoy en adelante. Le encantará los resultados.

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